
La justicia y el equilibrio universal no puede ser más preciso, exacto, terrible, cruel.



Nuestro personaje (ya sería bueno pensar en ponerle un nombre) cayó en la cuenta de un peculiar sentimiento. Todo porque el tren en el que viajaba, que corría con todas sus fuerzas, descabelladamente y sin ninguna piedad, vio aminorado su galope por una extraña fuerza que no sabría definir. El tren con todo su poderío trataba de echarla abajo, pero la fuerza no se doblegaba. Inevitablemente el tren ganaría, pero hay que destacar la desesperada acción de esa fuerza.
Al pasar por ahí, al atardecer, cuando los últimos rayos de sol se iban apagando lentamente, lo veía sentado. Un gran perro negro azabache, corpulento, de pelaje brilloso. Era hermoso, pero sin embargo transmitía algo que no sabría especificar, no era miedo, pero era algo lúgubre.

Como imágenes pegadas en una película. Pegadas aleatoriamente. Lógicamente aleatorio.

Es natural que extrañe tu modo de hablar,
Nuestro ya conocido personaje se ha visto expuesto a un pasaje que no había tomado en cuenta antes. El simple hecho de los gustos. ¿Cómo es posible que a uno lo juzguen por tener determinados gustos? El personaje entró en una completa desesperación del sólo hecho de pensar que todo el resto de los personajes le están envenenando la cabeza para hacerle pensar que sus gustos son una real estupidez.
Hablen, tiene tres minutos.

Tu día empieza, te duele el alma.
Cierra tus ojos y te besaré.

Sin mucho que hacer, un personaje observa el cielo artificial.

El esfuerzo muchas veces no tiene un límite.

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El problema es el aterrizaje. Para algunos no es tan grave.
Para otros, el tren de aterrizaje no sirve, viéndonos obligados a pegarnos un porrazo.
El porrazo de los tontos, el porrazo de quienes creen que su vida está en los cielos.
No se recuerda el viejo dicho "todo lo que sube debe bajar".
Y la ceguera nos juega una mala pasada.
El porrazo nos deja con heridas, y duelen mucho.
Y lo que más arde, como sal en una herida abierta, es darnos cuenta que todo ese lapsus
ha sido un sueño de Tristes Maravillas.
Todos están conectados.
El cristal, la espada, el Jedi.
Eres uno.
Mira, no pido mucho, 
Respiremos rojo y es posible que un dolor de cabeza nos consuma. Respiremos celeste y sentiremos que una paz nos consume.
De todas formas no hay nada más simple que el Blanco y el Negro.
Entonces llegan los grises y los colores a burlarse de estos dos, haciéndole recalcar que las cosas tienen sus matices y, que si bien hay ciertas simplezas en las cosas, a este grupo de colores y tonos les gusta complicar la vida de las personas con su existencia.